martes 10 de noviembre de 2009
viernes 4 de septiembre de 2009
Anunaki
Los Anunaki dándole a Marduk la glándula pineal, que representa el chakra Ajna del tercer ojo, Marduk fue el elegido para combatir a Tiamat en la épica batalla entre dioses descrita en el Enûma Elish, lo interesante es que al final de esa batalla Marduk parte en dos a la serpiente Tiamat y de su sangre creó al hombre... jueves 20 de agosto de 2009
El Pueblo Encantado del Cerro de la Tetilla
A unos dieciséis kilómetros al sur de la ciudad de Ameca, se alza majestuosa la inmensa mole del cerro de la Tetilla, otrora bastión de valientes chinacos, más tarde de aguerridos revolucionarios y finalmente de bravos cristeros. Tal vez, en noches de plenilunio, entre las frondas de los bosques acariciadas por suave brisa, vaguen los espíritus del indomable chinaco Simón Gutiérrez, el del revolucionario Julián del Real y el del guerrillero cristero Esteban Caro Santos. Este cerro, juntamente con el del Huehuentón y el Cuahtépetl —o cerro de Ameca—, por diferentes rumbos coronan las cimas de las cordilleras montañosas de la Sierra Madre Occidental en la porción central de nuestro estado, y más concretamente del Valle de Ameca, y que en el transcurso de milenios se han convertido en sus más fieles guardianes.
Otra de las leyendas que la fantasía popular ha venido entretejiendo es la del «Pueblo encantado del cerro de la Tetilla», la cual me fue narrada por un amigo mío, originario de la ranchería de Malpasito, municipio de Ameca. Me contó que en tiempos en que esta región carecía de ferrocarril y de carreteras, todos sus habitantes, desde Autlán de la Grana (hoy de Navarro), Puerto de Peñas (actualmente Puerto Vallarta y Mascota), así como otros pueblos intermedios del occidente de Jalisco, para transportarse de sus lugares de origen a la ciudad de Guadalajara era forzoso su paso por Ameca, y el viaje lo hacían a lomo de mula, a caballo y en última instancia en un paciente borrico. Me siguió narrando que cierto vecino del poblado de Tacota, arriero de oficio, joven bien parecido, alto, fornido, valiente y emprendedor, en una ocasión que hacía el viaje habitual de su pueblo hacia la ciudad de Ameca por el camino que atraviesa el cerro de la Tetilla, la Atrevida y el Realito, al atravesar con su recua de mulas el espeso bosque formado por gigantescos pinos, añosos encinos y corpulentos robles, llegó a un ojo de agua de los muchos que hay en dicho cerro. Hizo alto con sus animales, descargó los cajones de madera llenos de adoberas de queso añejo, juntó un poco de leña, encendió una lumbrada y en las brasas calentó los tacos de frijoles refritos, las quesadillas y un pedazo de cecina que su madre le había puesto en el morral y comió con gran apetito, saciando su sed, bebiendo del agua zarca y fría del manantial. De repente, de la espesura del bosque salió una bella joven de tez apiñonada, de grandes ojos negros y finas facciones; sus labios rojos dibujaban una ligera e inocente sonrisa que dejaba entrever una blanca dentadura que semejaba un rico collar de perlas, y enmarcaban la belleza de su rostro y la delicadeza de su talle dos largas trenzas color azabache.
Al llegar, hizo una ligera inclinación a manera de saludo al joven arriero, y sin más ni más se puso a llenar su cántaro del preciado líquido del manantial que brotaba al pie de un encino-roble. Ya se disponía a retirarse, cuando el joven arriero picado por la curiosidad y la admiración que le había provocado aquella solitaria beldad, emocionado le preguntó si no le daba temor caminar sola por el bosque tan poblado de tigrillos y de bandoleros. Ella amablemente le contestó que no, que el pueblo donde vivía no estaba lejos, que a ella se le permitía una sola vez al año salir a llevar agua de la fuente, guiada por la esperanza de encontrar un hombre decidido y valiente que fuera capaz de romper y acabar con el encantamiento que pesaba sobre su pueblo y sus habitantes. Intrigado, el arriero y sobre todo acicateado por el deseo de desengañarse quién era aquella joven, ver de qué pueblo le hablaba, pues él conocía el cerro como la palma de su mano, incontables veces lo había recorrido juntamente con otros cazadores en busca de venados y jabalíes, y sabía que los poblados más próximos eran el de Quila, El Texcalame, El Magistral y su pueblo de Tacota. Sin embargo, le manifestó que estaba dispuesto a luchar por terminar de una vez por todas con el misterioso encantamiento, siempre y cuando ella le dijera lo que debía hacer.
De pronto, le dijo que la siguiera en silencio hasta el pie del picacho que está en la cima del cerro. Al llegar al frente del peñón estaba la entrada de una amplia cueva en la cual se adentraron tanto, que en un momento dado se vieron envueltos por la oscuridad más completa que sólo duró unos cuantos segundos, porque luego vino la claridad de un día luminoso y a su vista apareció el panorama de un hermoso valle con un pueblo al centro, rodeado de huertas cultivadas con gran variedad de árboles frutales y primorosos jardines que lucían delicadas y perfumadas flores. Al llegar a la casa de la joven, que más parecía un palacio que una casa habitacional, ella, rompiendo el silencio que durante el recorrido habían guardado, le indicó al arriero que mientras entraba a su casa a dejar el cántaro, él se dedicara a cortar la fruta que más le gustara, advirtiéndole que allí no la probara, sino hasta que estuviera de regreso en su casa, debiendo comerla toda el mismo día.
Habiendo entrado el arriero a las huertas, cortó unas dos docenas de ricas naranjas. Cuando regresó la joven, dirigiéndose al arriero le dijo que para lograr el término del encantamiento de su pueblo y de sus gentes, debería él cargarla sobre sus espaldas y llevarla hasta la casa que tenía en Tacota; que durante el trayecto iba a oír tropeles como si cientos de furiosos enemigos montados en briosos caballos fueran tras de ellos queriendo darles muertes, además de una gritería espantosa y una de improperios como para sacarlo de quicio; pero que él debería caminar sereno, imperturbable, sin voltear hacia atrás, porque de hacerlo todo sería inútil, que ella desaparecería al instante. La supuesta persecución terminaría como por encanto, y que todo permanecería en el mismo estado de antes de conocerse; pero que si lograba salir airoso sin voltear hasta llegar a su casa, aparte de conseguir el desencantamiento de su pueblo, ella estaba dispuesta a ser su esposa.
El arriero, animado del mejor de los propósitos, y sintiendo un tierno afecto por la joven, la cargó sobre su espalda y emprendió el viaje hacia su domicilio en Tacota. Apenas habían salido de aquel pintoresco valle y de la cueva oscura, el arriero sintió una rara sensación de fuerte temblor de tierra, luego el cielo se cubrió de negros nubarrones y los relámpagos y los truenos se sucedían sin interrupción; más adelante se oyó un espantoso tropel con un ensordecedor choque de espadas y machetes y una ininterrumpida serie de detonaciones de armas de fuego, como si se estuviera librando fuerte combate, y finalmente una de injurias que lo herían en lo más íntimo de su amor propio, continuando así hasta que llegó a su casa. Al abrir la puerta y luego cerrarla tras de sí, involuntariamente volteó, sucediendo lo que la joven le había dicho. Ella desapareció en un instante, cesó por completo el infernal estruendo y el vocerío fue seguido por un absoluto silencio. Al arriero sólo le quedó el grato recuerdo de la bella joven y de su pueblo encantado, y las naranjas en su morral que no eran tales, sino relucientes esferas de oro. [Filemón Gutiérrez Ramírez].
lunes 13 de julio de 2009
Ojos cerrados sobre-estimulados
Después de las crisis de pánico, todo daba igual, lo mismo blanco que negro, frío que caliente, amor que nauseas, alto que bajo, cerrar que abrir, dormir que morir, abrir los ojos que cerrarlos, no sé qué me daba mas miedo; abrir o cerrar los ojos, nunca fue difícil decidirlo, al fin y al cabo siempre terminaban abiertos, sensibles a lo que creían que ocurría detrás de la fina piel de los párpados...
domingo 5 de julio de 2009
Time to pretend...
Prendo mi puro, recojo los libros de la mesa, y después de resolver los problemas del mundo, salgo del café, me siento bien de ser un iluminado para ellos, ésa nueva palabra que usé en la tertulia es genial, al parecer nadie sabía que significaba...
miércoles 1 de julio de 2009
Piedras Bola
la sensación que impera conforme uno va subiendo es de extrañeza, como si se tratase de un paisaje surrealista de algún planeta ignoto...
con una simetría impresionante...
después de un largo subir y bajar se llega a "torrecillas" y se reafirma dicha sensación de caminar en parajes arcanos..
cuando de entre la tierra blanca surgen estas extrañas figuras...
El misterio de su formación y disposición continúa...
sábado 27 de junio de 2009
H. P. Lovecraft
H. P. Lovecraft, se ha dicho y escrito mucho sobre él, que si el Necronomicón existe realmente, que si era racista, pero creo que sus libros hablan mucho más que su propia vida, aunque muchos han hecho análisis freudianos sobre su mitología. Hace tiempo leí un ensayo sobre su vida y obra por Colin Wilson, me pareció una fatalidad, acusa de pobreza literaria al maestro, este señor compara las mejores novelas de Lovecraft con sus mediocres libros sobre magia. Creo que ésto de la magia, a Lovecraft le parecía exclusivo de los ignorantes, de ahí los ataques de los "magos", él siempre fue un escritor de horror científico o racional, de hecho el gustaba de enfrentar lo racional con lo irracional, la ciencia con la superstición, de donde el único perdedor que surgía de dichos enfrentamientos era el desdichado protagonista de sus historias y lo demás quedaba en la ambiguedad. Siempre he creído que la obra es quien hace al artista y no la vida...
